
¿Cuál es el daño moral que le hace Boluarte al país?
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<< Con Dina Boluarte hemos caído en muchos excesos que quedarán arraigadas en la memoria colectiva y marcarán la pauta de como serán los futuros políticos que gobernarán este país...>>
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Toda sociedad tiene sus referentes a quienes buscan imitar o sentirse representados. Entre los principales referentes sociales tememos a los artistas, políticos, luchadores sociales, gobernantes, personajes públicos, autoridades religiosas, etc. Estos son los que encarnan la cultura de un país, es sus gestos, posturas, actitudes, opiniones, gustos, etc. Por ejemplo, los artistas, literatos y humoristas de Perú no tienen la misma conducta, gestos o forma de pensar que los de México, EE.UU. o España: cada país tiene su propia idiosincrasia y —en el plano político— esto se hace aún más evidente. En primer lugar, cabe decir, sin medias tintas, que Dina Boluarte es, a todas luces, inmoral y frívola. Y lo peor: no lo puede disimular. Todos sabemos que entró al poder haciendo trampa, después de que el Congreso le quitara la denuncia constitucional en su contra –el 5 de diciembre— dos días antes de la vacancia de Pedro Castillo. Entró por la puerta falsa, a vista y paciencia de todo el mundo; por eso nadie la respeta: por desleal. No la sienten con derecho a mandar y reclamar absolutamente nada, porque ha demostrado no tener ningún tipo de valor al cual corresponderle. Boluarte traicionó a Castillo como Vizcarra traicionó a PPK aliándose con el fujimorismo; con la diferencia de que la leguleyada de Vizcarra es desconocida, no así la de Boluarte. De modo tal que la felonía --que siempre se da en política, pero no de esta forma pública escandalosa-- está empezado a normalizarse y dejará de causar sorpresa y rechazo en la población. Tener un presidente de esa catadura moral trae consecuencias. En nuestra cultura cunda una idea negativa muy contaminante que dice: “Si tú haces mal, entonces yo también puedo hacer lo mismo, y no debes reclamar”. Es decir, pensamos que los pecados de otros nos hacen santos. En ese sentido, Dina Boluarte --quien estuvo cerca de los acontecimientos-- pensó que el hecho de que Pedro Castillo traicione a Perú Libre, creando dos partidos nuevos y dividiendo su bancada, entonces, eso le daría autoridad moral para hacer lo mismo. Este modo de actuar impúdico, de quien supuestamente representa a los peruanos, se extiende a todos los funcionarios corruptos como alcaldes, generales, comisarios, fiscales etc. Encuentran en este sistema podrido desde la cabeza una excusa más para hacer de las suyas, porque al final la que gobierna también hizo trampa y que, en general, en este país, se gana más haciendo trampa, y no pasa nada. Prueba de ello es que todos los que están enjuiciados por corrupción se mantienen en sus cargos con acciones de amparo y continúan con el robo. En fin, donde todos tienen la conciencia sucia, no hay de qué avergonzarse. De eso se trata todo esto. Finalmente, si bien es cierto que las actitudes de nuestra clase política siempre han sido —como en todo el mundo— lamentables, hoy, con Dina Boluarte hemos caído en muchos excesos que quedarán arraigadas en la memoria colectiva y marcarán la pauta de como serán los futuros políticos que gobernarán este país.